Comunicación

La estrategia de prueba y error: animarme a probar hasta encontrar mi camino

No siempre necesitás tener todas las respuestas. A veces, necesitás tener claro hacia dónde querés ir y animarte a probar hasta encontrar la manera.

Andrea Cazaux leyendo el diario en un sillón blanco junto a sus mellizas, que hojean revistas, en una galería con plantas

Crear estrategias para Familia Nómade fue uno de los desafíos más hermosos que viví profesionalmente. También fue una de las experiencias que más me enseñó sobre comunicación, creatividad, perseverancia y confianza en mí misma.

Cuando empecé, no tenía todas las respuestas. Había hecho uno o dos talleres en Domestika y Crehana, consumía contenido, aprendía de otras personas y buscaba entender cómo funcionaban las redes sociales. Pero, sobre todo, tenía una intuición muy fuerte sobre cómo creía que podía construir una comunidad, contar mi historia y transformar ese proyecto en una oportunidad laboral.

Andrea apoyada en una mesa junto a un termo de Familia Nómade y un mate, mirando a sus mellizas que juegan a su lado

Así que hice algo que, con el tiempo, se convirtió en una de mis maneras favoritas de trabajar: probar, observar, aprender, ajustar y volver a probar.

Una y otra vez, hasta dar con la tecla.

Primero, tener claro el objetivo

Antes de pensar en publicaciones, horarios, formatos o estrategias, había algo que tenía muy claro: quería vivir de las redes sociales en un futuro no tan lejano.

Quería que me pagaran por hacer algo que amaba: viajar, descubrir lugares, conocer personas y contar historias.

Andrea con un vestido estampado caminando por la arena de una playa, con botes de pescadores de colores en el mar detrás

Ese era mi objetivo. No sabía exactamente cómo iba a conseguirlo, cuánto tiempo me llevaría ni qué camino tendría que recorrer para lograrlo. Pero sabía hacia dónde quería ir.

Y esa claridad fue fundamental.

Porque cuando tenés claro lo que querés construir, los errores dejan de ser necesariamente señales de que estás haciendo todo mal. Pueden convertirse en información para entender qué funciona, qué no y qué necesitás cambiar.

Si alcanzar mi objetivo implicaba equivocarme muchas veces, estaba dispuesta a hacerlo.

No necesitaba que cada idea funcionara a la primera. Necesitaba aprender de cada intento para que el siguiente tuviera un poco más de sentido.

Segundo: entender que el proyecto necesitaba tiempo para dar frutos

Había otro detalle importante: sabía que, al principio, el proyecto no iba a pagar todas las cuentas.

Por eso, también tenía que trabajar en otras cosas para sostenerlo mientras crecía. Necesitaba generar ingresos, cubrir nuestras necesidades y, al mismo tiempo, seguir invirtiendo tiempo y energía en construir algo que todavía no sabía si iba a funcionar como lo imaginaba.

Andrea de pie junto a una mesa de madera al aire libre, con sus mellizas bebés en dos huevitos sobre el pasto

Y hay algo que aprendí en ese proceso: apostar por un sueño también implica ser realista con los recursos que necesitás para sostenerlo.

No alcanza con tener una idea hermosa. Hay que encontrar la manera de mantenerla viva mientras crece.

Y si a eso le sumamos que estaba criando a dos mellizas de dos años y medio, la ecuación se vuelve todavía más interesante.

Y sí, estaba criando mellizas de dos años y medio

Este no es un detalle menor. De hecho, probablemente muchas mujeres se sientan identificadas con lo que viene.

Mientras intentaba construir un proyecto profesional, también estaba criando a mis hijas. Y no de cualquier manera: había elegido una crianza consciente, una alimentación vegana, el homeschooling y una vida en la que tuvieran un lugar importante el baile, los viajes y el contacto con la naturaleza.

Andrea sonriendo con sus dos mellizas bebés en brazos, bajo un cielo azul
Andrea sentada en la orilla del mar con sus mellizas pequeñas en la falda, ambas con gorras
Una de las mellizas, bebé y con sombrero rosa, sentada en un flotador sobre la arena

En otras palabras, estaba intentando hacer crecer un proyecto digital mientras acompañaba una etapa de la infancia que demandaba muchísimo tiempo, presencia y dedicación.

Andrea amamantando a una de sus mellizas bebé, envuelta en una manta fucsia

No te voy a decir que era sencillo, porque no lo era. Pero sí puedo decirte que tenía muy claro por qué lo estaba haciendo.

Quería construir una forma de vivir y trabajar que tuviera sentido para mí. Una vida en la que pudiera desarrollar mi profesión sin renunciar a las experiencias que quería compartir con mis hijas.

Como verás, siempre fui bastante fanática de los desafíos.

Las mellizas durmiendo en una cucheta, cada una en su cama, con sábanas de colores
Las mellizas de pie y descalzas en una cocina, con remeras iguales de Peppa Pig

Pero tener ese objetivo tan presente me ayudaba a no rendirme con facilidad. Cuando algo no funcionaba, buscaba otra manera. Si una estrategia no daba resultado, probaba una diferente. Si una idea no conectaba con la audiencia, intentaba entender qué podía mejorar.

Y así, entre la crianza, los viajes, el trabajo y las pruebas, el proyecto fue creciendo.

Andrea y sus mellizas, con anteojos de sol, riendo entre los chorros de una fuente en una plaza
Andrea y sus mellizas con camperas rosas, abriendo los brazos en el patio de un edificio colonial con arcadas

Aprender a seguir las señales

Después de tanto crear, publicar, probar y volver a crear, llegó una oportunidad que interpreté como una señal de que estaba yendo por buen camino.

Un día conocí a un empresario ecuatoriano, dueño de una concesionaria de autos, que estaba de vacaciones en Montañita.

Le había gustado la historia, mi trabajo y la manera en que comunicaba. Y, sin demasiadas vueltas, me hizo una propuesta que me quedó grabada.

Quería que llevara las redes sociales de su concesionaria en Ecuador y también las de otra que estaba armando en Colombia.

Pero había una condición: necesitaba que viajara a Quito para firmar el contrato.

Y yo, que llevaba tiempo soñando con vivir de las redes sociales y que me pagaran por hacer algo que amaba, interpreté aquella propuesta de una manera muy particular:

“Mi primer pago por viajar.”

¡Me iban a pagar para subirme a un avión y trabajar de lo que amaba!

Para mí, aquello era mucho más que conseguir un cliente. Era ver cómo una idea que había empezado como un sueño comenzaba a transformarse en una posibilidad concreta.

No significaba que ya tuviera todo resuelto ni que, a partir de ese momento, el camino fuera fácil. Pero sí era una señal de que lo que estaba construyendo podía llevarme hacia donde quería ir.

Andrea andando en bicicleta con una de sus mellizas sentada atrás, en una calle peatonal de casas coloridas

Siempre fui una persona que se deja guiar bastante por su intuición y por esas señales que aparecen en el camino. No porque crea que todo sucede mágicamente, sino porque aprendí a prestar atención a las oportunidades, a escuchar lo que me pasa y a animarme a dar el siguiente paso cuando algo tiene sentido para mí.

Mirando hacia atrás, siento que esa manera de vivir me ayudó a reconocer oportunidades que quizás no habría visto si me hubiera quedado esperando a tener todo perfectamente planificado.

A veces, una señal no es una respuesta definitiva. Es simplemente una oportunidad que te invita a avanzar un poquito más.

¿La estrategia de prueba y error realmente funciona?

Mi experiencia me enseñó que sí, pero con una condición: probar por probar no es lo mismo que experimentar con un objetivo.

Cuando creaba contenido, no se trataba simplemente de publicar cualquier cosa y esperar que sucediera algo. Tenía un objetivo, observaba las respuestas de la comunidad, prestaba atención a lo que generaba interés y buscaba maneras de mejorar.

La intuición me ayudaba a imaginar posibilidades. La práctica me permitía ponerlas a prueba. Y los resultados me daban información para decidir cómo seguir.

Las mellizas sentadas en un escalón de piedra, una de ellas abrazando muñecas de peluche
Las mellizas de pie en un sendero de tierra rodeado de vegetación, junto a las piernas de Andrea

No todas las ideas funcionaban. No todo lo que me gustaba generaba la respuesta que esperaba. Y algunas cosas que al principio parecían pequeñas terminaban convirtiéndose en oportunidades inesperadas.

Esa experiencia también me enseñó que no existe una fórmula universal que funcione de la misma manera para todas las marcas. Cada proyecto tiene una historia, una audiencia, objetivos y recursos diferentes.

Las mellizas corriendo por la orilla de una playa al atardecer, con el cielo reflejado en la arena mojada

Por eso, cuando hoy trabajo en comunicación estratégica, sigo creyendo en el valor de experimentar, analizar y ajustar. Las herramientas cambian, las plataformas evolucionan y los comportamientos de las personas también. Lo importante es no dejar de observar ni perder de vista el propósito detrás de cada acción.

A veces, el camino aparece mientras lo estás construyendo

Si algo me dejó esta experiencia es la certeza de que no necesitaba saber exactamente cómo iba a terminar la historia para empezar a escribirla.

Necesitaba tener claro qué quería conseguir, encontrar una manera de sostener el proyecto, animarme a probar y aprender a reconocer las oportunidades cuando aparecían.

Una de las mellizas, pequeña y con colitas, sonriendo sentada en la orilla del mar
Las mellizas, ya más grandes, caminando por un sendero arbolado con anteojos de sol y enteritos rosa y violeta

La estrategia de prueba y error no consiste en avanzar a ciegas. Consiste en entender que no siempre vas a tener todas las respuestas antes de empezar y que, muchas veces, la experiencia te va a enseñar cosas que ningún taller podría haberte explicado de la misma manera.

Hoy, después de tantos años creando contenido, construyendo comunidades y acompañando marcas, sigo valorando esa capacidad de probar, aprender y encontrar nuevas maneras de comunicar.

Porque las estrategias no nacen siempre de una fórmula perfecta. A veces nacen de una pregunta, una intuición, una idea que parece imposible o una prueba que no salió como esperabas.

Y, de vez en cuando, después de muchísimos intentos, aparece esa oportunidad que te hace mirar hacia atrás y pensar: menos mal que no me rendí.

¿Querés conocer más?

¿Te gustaría conocer algunas de las estrategias que utilizaba en redes sociales en aquella época y descubrir cuáles siguen funcionando hoy?

Si querés saber más sobre mi historia, mi forma de trabajar o las estrategias que fui creando a lo largo de estos años, podés escribirme por Instagram. Me encanta conversar con personas que también están construyendo sus propios proyectos y compartir lo que fui aprendiendo en el camino.

“Porque a veces, una buena estrategia empieza con una idea. Y otras veces, con el simple coraje de animarte a probar.”

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